IU con más fuerza, ponencia encabezada por Paloma López

IU con más fuerza, ponencia encabezada por Paloma López
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sábado, 14 de febrero de 2015

Pongamos que hablo de Madrid


José Antonio García Rubio
Secretario Ejecutivo de Economía y empelo de IU Federal
 y miembro del Consejo Político de IU de la Comunidad de Madrid

Es tiempo ya de que Izquierda Unida de la Comunidad de Madrid pueda trabajar tranquilamente por su programa, sus opciones políticas y aplicar la política de convergencia, aprobada en los órganos, tanto de IU Federal como de IUCM. 

Jamás se ha visto en la historia política reciente de nuestro país un cúmulo de medias verdades tan gigantesco, de tal naturaleza que ha sido capaz de ocultar los hechos y los documentos. Es verdad que, al final, la verdad siempre se impone, pero en política los tiempos son importantes y para cuando la verdad quede clara, puede no haber remedio. 

Sólo voy a poner unos breves ejemplos de lo que afirmo. El Consejo Político Regional de Madrid, con una asistencia del 66% de sus miembros ratificó el día 16 de enero de 2015 a Tania Sánchez como candidata la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Tania anuncia su abandono de IU el día 4 de febrero, ¡20 días después! 

La Ejecutiva de IUCM aprueba el día 7 de noviembre pasado una resolución con el acuerdo de todos los sectores en el que se concreta la política de convergencia de IUCM. En el punto 3 se considera la coalición electoral como la “única fórmula”. 
Los seguidores de Tania Sánchez muestran su indignación por la permanencia en sus portavocías de Ángel Pérez y Gregorio Gordo. Sin embargo, la Comisión de Investigación de IUCM, plural y con presencia del sector de Tania –hasta el punto de que la portavoz y relatora de esa Comisión aparece en la fotografía de los responsables de IU que abandonan IU “indignados” junto a Tania–, no propuso la más mínima medida contra los portavoces. Los resultados de esa Comisión de Investigación y las propuestas concretas resultantes fueron aprobados con el voto del sector de Tania Sánchez

Por resolución de la Presidencia Federal de IU, Gordo y Pérez han sido políticamente desautorizados y se ha iniciado un expediente sancionador que puede llevar a su expulsión. Todo lo que se puede hacer en derecho, porque no se puede aplicar la sentencia antes del juicio como algunos pretenden. El Consejo Político de IU de la Comunidad de Madrid de 8 de febrero respaldó esa resolución, aunque no estaban los sectores “indignados”. 

Hechos y documentos irrefutables
En IU de la Comunidad de Madrid estamos miles de afiliados y afiliadas que no somos ni del pretérito compuesto ni del futuro indefinido. Simplemente, somos del proyecto de IU porque aquí no hay proyectos particulares y creemos honestamente que ese proyecto colectivo que no permite que nadie se sitúe por encima de la organización, ni que se anteponga el “porque yo lo valgo” a los intereses del pueblo trabajador, tiene mucho futuro. Es el futuro necesario y fiable. 

Queremos pasar página y usar toda nuestra fuerza para estar con los trabajadores de Coca Cola, de AENA, de TeleMadrid, y con los enfermos de hepatitis C. Que nos dejen en paz para hacerlo y no nos distraigan. Una nueva IU en la Comunidad de Madrid, desde la legalidad y la legitimidad democrática de sus órganos, que prepare las elecciones, porque nadie debería olvidar que es IUCM la federación que históricamente elige el mayor número de diputados de IU.

Para ello, tal vez sea necesario y urgente que su Consejo Político elija coordinador/a para superar cualquier sensación de provisionalidad, que proponga una Ejecutiva donde estén todos los sectores que quieran estar y despliegue una campaña electoral llena de proyecto alternativo, con los criterios de convergencia que corresponden a los acuerdos de sus órganos, como en cualquier otra federación de IU . Un Consejo Político que convoque una Asamblea Extraordinaria para que en cuanto se terminen las campañas electorales hable la militancia directamente con todas sus consecuencias.


Programa, proyecto, claridad y coherencia.  



lunes, 9 de febrero de 2015

PRIMER ENCUENTRO POLÍTICO DE ESPACIO PLURAL.


17:00 – PRESENTACIÓN: LA COYUNTURA EUROPEA Y EL CONTEXTO POLÍTICO ESPAÑOL. Paloma López.
18:00 – GRUPOS DE TRABAJO:
·         ORGANIZACIÓN Y COMUNICACIÓN: ACCION POLÍTICA EN LAS REDES. SITUACIÓN Y EXTENSIÓN DEL ESPACIO.
·         EL CRISIS Y ALTERNATIVAS ECONÓMICAS DESDE LA IZQUIERDA TRASFORMADORA. MEDIDAS CONTRA LA DESIGUALDAD. EL PAPEL DE LOS SINDICATOS DE CLASE.
·         ANÁLISIS DE COYUNTURA Y PROSPECTIVA ELECTORAL. LA INCIDENCIA DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES Y LAS NUEVAS PLATAFORMAS. EL PAPEL DE IUCM.
20:00 – CONCLUSIONES DE LOS GRUPOS DE TRABAJO.
20:30 – PRESENTACIÓN PÚBLICA DE MANIFIESTO Y DOCUMENTO POLÍTICO.
21:30 – CENA DE CONFRATERNIZACIÓN
13 de Febrero de 2015 17h.
Centro Abogados de Atocha
c/ Sebastián Herrera, 14. Madrid


domingo, 8 de febrero de 2015

De cómo Pablo Iglesias y Tania Sánchez, ‘los Kirchner’ de España, preparan la voladura de Izquierda Unida y el asalto a la Moncloa


Es la pareja de moda, más que Felipe y Letizia, y entre su círculo íntimo de amistades se llaman a sí mismos “los Kirchner” de España. Quieren volar IU, quitarle los votos al PSOE y escalar los muros del Palacio de la Moncloa.

En ese círculo reducidísimo del que salió Podemos y en el que interactúan figuras transversales como el abogado Enrique Santiago –actualmente, ayudante de cabecera de Tania en las sombras-, nadie pone en duda que Pablo Iglesias Turrión (Madrid, 1978) yTania Sánchez Melero (Madrid, 1979) van a residir en el complejo de la Moncloa. Si no tras las elecciones de finales de 2015, sí en las próximas, las cuales creen que se celebrarán de forma adelantada. 

Es tanta su confianza que entre su círculo íntimo de amistades se llaman a sí mismos “los Kirchner” de España. Pero para hacer realidad sus planes hace falta volar lo que queda de IU, desmantelar al PSOE por su base más radical y atraerse a la juventud descontenta y cabreada con un proyecto transversal. Ése es su plan estratégico y lo están cumpliendo milimétricamente.

Artículo completo en:



Las contradicciones de Tania: hace 3 meses decía que el candidato no tenía derecho a fijar la línea de IU

La ex candidata y ex militante de IU a la Comunidad de Madrid explicaba antes de su elección que consideraba que el candidato no tendría derecho a decidir sobre el posicionamiento de la formación, y que ella entendía que no eran ellos los que tendrían que tomar esas decisiones.

Tan solo unos días después de anunciar su renuncia a liderar la candidatura de Izquierda Unida en la Comunidad de Madrid, la red se hace eco de un vídeo, grabado el pasado mes de noviembre durante un acto en Majadahonda, en el que Tania Sánchez se contradice. En apenas 60 segundos de una rueda de prensa que ofreció antes del proceso de primarias, se ve como la ex candidata dice una cosa para ahora, contradecirla completamente con su salida del partido.

“Ninguno de los que estamos aquí nos convertimos en nada más. Competimos en un proceso y tuvimos un resultado que fue ese. Por lo tanto la organización sigue funcionando, con sus asambleas de base, con sus estructuras y tendrá que se ser la organización la que diga”, explicó la entonces Tania Sánchez.

Ver video:



sábado, 7 de febrero de 2015

"No podemos pensar en el planeta si no pensamos en la emancipación social"


“Ha llegado el momento de que los que están preocupados por el destino de la Tierra se enfrenten a los hechos: no sólo la grave realidad del cambio climático, sino también la acuciante necesidad de un cambio en el sistema social”.
Fred Magdoff / John Bellamy Foster
“Hasta hace muy poco se discutía sobre el tipo de sociedad en que viviríamos. Hoy se discute si la sociedad humana sobrevivirá”. Fidel Castro
Algunos ambientalistas, y de manera muy significativa en comarcas como la nuestra, sienten que es posible resolver la mayoría de los problemas ambientales introduciendo una mayor eficiencia energética, reemplazando los combustibles fósiles por energías “verdes” –o utilizando tecnologías que alivien los problemas, con medidas para protección de la biodiversidad, contra la especulación, etc…; pero sin cuestionar el modelo productivo.
Nuestra opinión es que la mayoría de los graves problemas ambientales están ocasionados por el funcionamiento de nuestro sistema económico y no son resultado de la ignorancia humana o de la codicia, sino que la destrucción ecológica está integrada en la naturaleza interna y lógica del modo de producción vigente y esto es lo que lo que hace tan difícil la solución del problema.
Capitalismo, naturaleza y ecología
El capitalismo, como forma de detentar la propiedad de los recursos y de los medios de producción y como sistema de relaciones de producción, de relaciones entre los hombres y las cosas o el Estado, es un sistema que, a fin de mantener su objetivo esencial de acumulación incesante, necesita una expansión continuada, tanto en términos de producción total, como territorial y de eliminación de otros modos de producción, en términos espaciales y geográficos.
Se puede alegar y así lo hacen los defensores del sistema que tanto la expansión, como la conquista de la naturaleza, existían antes de los comienzos del sistema capitalista en el siglo XVI. Pero en los sistemas anteriores al actual, esa expansión, que el capitalismo casi ha convertido en derecho, de conquistar la naturaleza eran prioritarios para la propia existencia del sistema. Esta es la diferencia entre el capitalismo y los sistemas anteriores.
La economía capitalista en su fase mundializada sigue extendiéndose con una velocidad que desde el punto de vista del porvenir de la humanidad y del planeta, podemos calificar, cuando menos de imprudente e irresponsable.
La idea de que calidad de vida va ligada a consumo se ha generalizado al conjunto de una sociedad –incluyendo a las clases trabajadoras- a la, a que, a través de los mecanismos de la dominación hegemónica del capital, se le ha convencido de que la única manera de mejorar su calidad de vida es mediante la expansión económica que supone el crecimiento sin límites.
Este camino para mejorar su vida que, hoy por hoy, desea la mayoría la población, no es óbice para que muchas, cada vez más, de esas personas quieran también que se detenga esa degradación del entorno natural. Sentimiento que cada vez se extiende más entre los ciudadanos, como trabajadores y como consumidores, de los países desarrollados.
Esto constituye una contradicción más del sistema. Cada vez más personas quieren tener más árboles, mejor calidad del aire y del agua,... mas naturaleza, y también desean un número cada vez mayor de bienes materiales, que para conseguirlos es necesario más combustible, utilizar todos los recursos naturales, más uso del territorio mediante el urbanismo descontrolado y más degradación del planeta. Queremos y deseamos más naturaleza y más producción-, separando en nuestras mentes ambas reivindicaciones, incluso luchando por ambas al mismo tiempo.
A diferencia de otros momentos históricos, en el capitalismo y especialmente en su fase actual, el nivel de degradación del entorno natural es tan grave que para analizar la situación hay que ir a volver a los orígenes, a tratar el deterioro ambiental, la ocupación del territorio, el cambio climático; en definitiva la crisis ecológica, como un tema de economía política que exige soluciones ligadas a opciones éticas y políticas.
Mientras que los sistemas anteriores al capitalismo transformaron la ecología y algunos llegaron a imposibilitar un equilibrio viable que asegurase la supervivencia del sistema en áreas concretas solamente el capitalismo y en nuestra comarca el inmobiliario constituye una amenaza para la existencia futura, no sólo de nuestro entorno, sino de la humanidad, del planeta ya que ha sido el primer sistema histórico que, englobando toda la Tierra, ha expandido su producción a límites inimaginables.
Ello se debe a que el capitalismo ha logrado hacer ineficaz la capacidad de otras fuerzas para imponer límites a sus actividades. Bajo la fachada de la racionalidad del mercado se encuentra el inmenso poder destructivo implícito en el modo de producción capitalista; así la burguesía ha resultado ser “la clase dominante más violentamente destructiva de la historia” (Berman) y, en base a los valores de la acumulación del capital no puede contener la destrucción ecológica, es un dilema que no puede resolver. Así, las contradicciones entre economía y ecología alcanzan su máximo exponente con el modelo de producción vigente, el modo de producción capitalista, alcanzando su punto álgido en la fase actual de globalización.
¿Cómo salir? La versión romántica y la técnica
Una argumentación extendida entre quienes no quieren que las cosas sigan así, es la de contraponer a la creación de riqueza material y de empleo, el romanticismo ecologista, o dicho más sencillamente, tener que elegir entre la especie humana y la naturaleza[1]. Pero no se pueden contraponer naturaleza y especie humana; ambas evolucionan conjuntamente.
Por otra parte, personas, organizaciones conservacionistas y organizaciones políticas, algunas comprometidas con la lucha ecologista, mantienen que se puede evitar la degradación total adoptando medidas técnicas ahora, alcanzando así un desarrollo sostenible, expresión que, por otra parte, implica una contradicción en si misma. Pero este punto de vista que podríamos definir como de “ecologismo reformista” choca con la propia esencia del capitalismo ya que esas medidas paliativas, si son lo suficientemente serias y eficaces como para evitar, reparar en su caso o al menos contener el daño, amenazarían por sus costes, la posibilidad de una continua acumulación de capital.
En ambos casos se evita ir a la raíz del problema, a la propia esencia del sistema de producción capitalista ya que la fuente de la destrucción ecológica es la necesidad de externalizar los costes de producción haciendo recaer una parte de estos en la naturaleza.
Por el contrario, una visión verdaderamente “verde” si quiere dar una respuesta viable a la conservación de la naturaleza, tiene por fuerza que poner en cuestión el presente cualquier sistema económico que no se oriente a alcanzar un equilibrio sustentable con la naturaleza.
Capitalismo y ecología son términos opuestos. Puede haber políticas ambientales de derechas – si a las del capital con su discurso del “capitalismo verde” se les puede aplicar ese calificativo- así como puede haber, y de hecho hay, políticas ambientales de izquierdas. Pero no hay política ecológica de derechas. Si una política es ecológica, esta es de izquierdas –añadiríamos incluso que revolucionaria-, y podríamos asegurar que si una política es, social, económica y políticamente de izquierdas, es ecológica.
De lo expuesto hasta ahora podemos sacar la conclusión de que la vía de la actuación reformista de los ecologismos “técnicos” y “románticos” tienen límites en si mismas.
Ello no supone desechar el camino de las reformas, de la adopción de medidas ambientales, técnicas y legislativas; el no tener en cuenta las opiniones del ecologismos “romántico” muchas veces interesantes y siempre  generosas; ya que la presión política a favor de esas reformas económicas y sociales,  de la aplicación de avances tecnológicos, además de paliar algunos efectos de la degradación puede hacer que aumenten las contradicciones del propio sistema ya que facilitará el que afloren los verdaderos problemas políticos en juego, siempre que estos problemas se planteen correctamente.
Dentro del sistema se puede actuar para la preservación del medio ambiente, bien paliando daños ambientales de una actividad, bien invirtiendo en la renovación de los recursos naturales, o limitando seriamente otras como la expansión urbanística  -mediante una ordenación social del territorio-, o el uso comercial de los espacios protegidos. Tanto los movimientos ecologistas como Izquierda Unida han planteado y plantean una larga serie de propuestas específicas dirigidas hacia esos objetivos, propuestas que suelen encontrar una fuerte resistencia por sus importantes efectos sobre la acumulación de capital.
Asimismo, aún en el caso de que se establezcan legislaciones ambientales avanzadas, la aplicación real de las mismas encuentra reticencias para su aplicación efectiva por parte de los Estados y las instituciones supranacionales, como ocurre con la de la Unión Europea.
Esa vía reformista, que nunca se debe ni se puede abandonar y menos despreciar, debe ir encaminada a una ordenación del territorio y de la economía en las que se antepongan criterios sociales y ecológicos a los criterios meramente económicos y de rentabilidad. Para ello el papel del estado, de lo público, es de primera importancia.
Más allá del reformismo
Dicho lo anterior, no hace falta repetir que la supervivencia del modo de producción capitalista depende sobre todo de que no se interrumpa el proceso de acumulación del capital y que para ello precisa de cada vez mayor uso de recursos naturales, y entre ellos el territorio, así como que cada vez genera más residuos.
La relación que el hombre mantiene con la naturaleza en cada periodo histórico es consecuencia del modo de producción, de donde se saca la conclusión de que para el proceso de aceleración de la degradación de la naturaleza, de profundización de las desigualdades y de aumento de la pobreza y el hambre en el mundo, en definitiva de la crisis social y ecológica no hay solución dentro del actual modo de producción, ya que es impensable que el sistema que crea los problemas ecológicos, siguiendo la implacable lógica de la necesidad ilimitada de acumulación, quieran y puedan aportar unas soluciones que implicarían su desaparición.
La única posible salida a la crisis ecológica y social es avanzar políticamente por una senda en la que la vieja lucha por la igualdad, hoy tan vigente como nunca si planteamos la cuestión de la creciente desigualdad, camine en busca de una solución basada en un modelo económico, social, político y territorial ecológicamente sustentable y socialmente más que justo, igualitario.
Somos conscientes de que este es un camino largo y apenas esbozado por Izquierda Unida y que debe conducir a un nuevo sistema económico, político y social que decida de forma colectiva y participativa sus aspectos fundamentales, y en la que la emancipación de la humanidad de todo tipo de alienaciones y la supervivencia del planeta sea un todo indivisible.
O lo que es los mismo, para comenzar a “desfacer el entuerto” del desastre ecológico, social y humano al que nos enfrentamos, se necesita un nuevo modelo productivo basado en el control de las fuerzas productivas por la mayoría de la población que ponga freno a la explotación de la fuerza de trabajo y al expolio de los recursos naturales y de patrimonio.
Ahora bien, como consecuencia de este desastre ecológico y social, uno de los problemas más importantes, quizás el que más, ante el que nos enfrentemos será el de configurar un nuevo modelo de producción y unas nuevas relaciones de propiedad que satisfaciendo las necesidades de la humanidad en ese momento no sólo no comprometa, sino que asegure y mejore  la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades; el problema de la relación metabólica entre los seres humanos y la naturaleza, y hacerlo en las condiciones de producción  heredadas de la actual sociedad capitalista.
Estamos hablando, no de una sociedad que se desarrollará sobre su propia base, sino de una que presentará todavía en el aspecto económico, en el ecológico, en el político y en el social, el sello de la sociedad de cuya entraña procede; y en la que los  problemas ecológicos derivado del modo de producción capitalista tendrán que ser afrontados de manera urgente y democrática racional, actuando sobre la base de comprender y no forzar esa relación metabólica de los hombres con la naturaleza. Un futuro que no podrá ser el de una sociedad de la abundancia –entendida esta en su concepción actual-, del derroche de recursos y de crecimiento sin límites –al menos en los términos en los que este se concibe en el sistema capitalista para beneficio de una minoría - ya que entonces sería más de lo mismo.
Modelo que debe combinar un alto índice de bienestar y progreso humanos con la generación de una baja “huella ecológica”, lo que no supone otra cosa que combinar progreso y bienestar con el menor uso posible de los recursos no renovables como los combustibles fósiles y de los recursos naturales (suelo, agua, aire,…) sin superar la capacidad de regeneración de los mismos.
La transición a una economía ecológica –que consideramos que también debe ser socialista- será un proceso arduo que no ocurrirá de un día para el otro. Esto no es una cuestión de “asaltar el Palacio de Invierno”. Más bien, es una lucha dinámica, multifacética para un nuevo pacto cultural y un nuevo sistema productivo.
Las soluciones que en una sociedad poscapitalista puedan hacer que empiece a desaparecer la amenaza de crisis ecológica y que tanto el socialismo como la propia supervivencia del planeta sean posibles, requerirán, no solo del control y la planificación democráticos de la producción y de la utilización de los recursos sino que, además precisará de una transformación revolucionaria de la relación que los hombres mantienen con la naturaleza.
“Hoy más que nunca el mundo necesita aquello por lo que los primeros pensadores socialistas incluyendo a Marx, luchaban: la organización racional del metabolismo del hombre con la naturaleza por medio de los productores asociados libremente. La maldición fundamental a ser exorcizada es el capitalismo mismo”. John Bellamy Foster y Brett Clark. “Imperialismo ecológico: la maldición del capitalismo”.
José Ramón Mendoza
Texto presentado como ponencia en el Encuentro de IU CM
 Comarca de la Sierra de Guadarrama. Marzo 2014



[1]Al igual que la economía es mucho más que gestión, la ecología es algo que va mucho más allá de la simple conservación de las especies y de los espacios naturales. La ecología, igual que la economía afecta directamente a la libertad, a la igualdad y al bienestar de las personas. Quien más sufre la degradación del planeta son las clases más pobres de los países más pobres y más agredidos ecológicamente, y dentro de ellas, los colectivos más desfavorecidos, como las mujeres.

viernes, 6 de febrero de 2015

Grecia y Draghi, ¿dos rupturas?

Grecia y Draghi, ¿dos rupturas?
I
Enero ha traído dos cambios importantes en la política comunitaria, aunque de signo bien distinto. Uno es el anuncio de la masiva compra de activos financieros por parte del Banco Central Europeo. El otro, la victoria electoral de Syriza y el inmediato anuncio por parte del nuevo Gobierno griego de su voluntad de impugnar la política de rescate y la adopción inmediata de medidas que van en esta dirección, como el aumento del salario mínimo, el bloqueo de la privatización de actividades básicas y la readmisión de empleados públicos. Aunque el alcance de las medidas es bien distinto, ambas suponen un cuestionamiento de alguno de los dogmas que la hegemonía neoliberal-alemana había impuesto hasta el momento. Se trata de cuestiones de ámbito y repercusiones diversas, por esto trato de analizarlas por separado, aunque en la reflexión final intentaré buscar alguna conexión.
II
Lo que Draghi ha propuesto es un plan de compra mensual, del orden de 60000 millones de euros, de activos financieros durante 18 meses, que podrían prorrogarse; un total que supera el billón de euros. Supone insuflar una enorme cantidad de dinero en los mercados financieros, comprando tanto títulos públicos como privados. ¿Qué se espera con esta política? Puede pensarse tanto en efectos directos como indirectos.
Entre los primeros, los más claros son que ello facilita la financiación tanto de la deuda pública como de las empresas beneficiadas por las compras de títulos. Esta entrada de dinero tendrá el efecto previsible de seguir bajando el coste de financiación de estados y empresas, lo que en el primer caso puede además permitir aligerar el “servicio de la deuda” (el pago de intereses a los tenedores de deuda pública). Se espera que este abaratamiento permita a estados y empresas aumentar su capacidad de ahorro y la posibilidad de amortizar aceleradamente parte de su deuda. Sin embargo como la política está diseñada para comprar una proporción de títulos parecida a la aportación de cada país ello supone que estas ventajas favorecerán por igual a todos los países, aunque se puede esperar que esta oleada de financiación barata influya sobre el conjunto del mercado financiero y todo el mundo se vea gratificado con una financiación fácil y barata.
Se supone que esta política puede tener también importantes efectos indirectos. De una parte la oleada de dinero que se inyecta a la zona euro debe provocar su depreciación frente a otras divisas. La devaluación favorece las exportaciones a países fuera de la zona euro y ello posiblemente tenga más importancia para los países que producen bienes de nivel intermedio, como es el caso de España, que los que producen bienes de alto nivel, como Alemania, para los que el precio de venta tiene menor importancia. De hecho la alta apreciación del euro ha sido uno de los elementos que ha jugado un papel importante en la desindustrialización experimentada por algunos países. La otra cara de la devaluación es que se encarecen las importaciones y esto tiene un impacto distinto en función de la estructura productiva de cada país y sus posibilidades de adaptación. Si lo que se importa son bienes que el país es capaz de producir por sí mismo, la devaluación puede además reanimar a la industria local. Pero si el país importa bienes que no es capaz de producir por sí mismo la devaluación encarece los suministros y puede acabar por neutralizar el efecto positivo en el lado de las exportaciones. En el caso de España un elemento importante al respecto es la elevada dependencia energética (petróleo, gas, carbón) y de algunas materias primas (metales, soja, cereales), pero, al menos a corto plazo, la caída del precio del petróleo y otras materias primas puede jugar un papel importante en evitar que la devaluación del euro se traduzca en un alza sustancial de costes. Hay que advertir sin embargo que estos movimientos dependen además de lo que hagan el resto de países con su moneda; si todos responden igual que la zona euro devaluando de facto sus monedas acabaríamos igual que al principio.
Pero el mayor efecto que se pretende inducir con esta política es el segundo. Se supone que al aumentar el flujo de dinero en el mercado financiero se reducirá la demanda de financiación por parte del estado y las grandes empresas que cotizan en bolsa y con ello se producirán tres efectos paralelos: a) las grandes empresas aumentarán sus inversiones, b) se favorecerá el crédito al resto de la economía y con ello se promoverá la actividad económica y la inversión y, probablemente c) el menor coste de la deuda pública facilitará el gasto público en actividades que generan actividad. Básicamente no encuentro diferencias sustanciales con anteriores políticas del Banco Central Europeo –como la de financiación masiva a la banca– más que en el volumen de su acción y en el uso de un canal diferente. Es cierto que a veces lo cuantitativo se trastoca en cualitativo y que una oleada tan grande de intervención puede acabar por generar un impacto sobre la economía real. Pero hay buenas razones para indicar que es más probable que todo sea más de lo mismo.
En primer lugar está la cuestión de la financiación pública. Tras la primera intervención masiva del BCE los tipos de interés de la deuda pública bajaron sustancialmente, de hecho hoy llegan a estar cercanos a cero. Se ha conseguido abaratar sustancialmente el coste de la deuda pero, en la mayoría de países, el endeudamiento público relacionado con los déficits no ha dejado de crecer. Y esta situación, en tanto se mantenga el resto de la política actual, frena la expansión del gasto público y da razones a los partidarios de la austeridad neoliberal a seguir imponiendo recortes y reformas estructurales (eufemismo para designar la eliminación de derechos sociales y laborales). Si el gasto público no crece suficientemente se pierde un factor esencial de reanimación económica y al mismo tiempo se siguen infligiendo a la población las mismas sevicias que lleva años soportando. En segundo lugar está el sector privado. Tampoco para las grandes empresas la financiación ha sido un problema en los últimos tiempos. La ingente inyección de liquidez que ha generado el BCE y el resto de grandes bancos centrales les ha permitido encontrar facilidades para financiarse en los mercados financieros internacionales mediante la emisión de todo tipo de bonos (cualquier lector de la prensa económica encuentra casi a diario la noticia de una emisión de este tipo de alguna gran empresa y, de forma creciente, acompañada del comentario que se trata de la más barata que ha obtenido nunca). Pero la inversión es otra cosa; como ya he explicado en anteriores notas, las inversiones no se realizan porque el acceso al dinero es barato sino porque se ven posibilidades factibles de invertirlo con rentabilidad en actividades reales. Y esto es lo que está menos claro dados los excesos de capacidad que aún persisten, los niveles de incertidumbre que generan las diferentes turbulencias de precios y las limitaciones a la expansión del mercado provocadas por el empobrecimiento al que se ha forzado a una parte importante de la población de los países con capacidad de compra. Para las empresas pequeñas las cosas aún son más difíciles tanto porque su acceso al crédito es siempre mucho más azaroso y dependiente de las decisiones del sector financiero como porque, a menudo, se encuentran “aplastadas” por las estructuras oligopolistas que configuran el “capitalismo real”. Sin contar que en un mundo tan financiarizado como el actual la posibilidad de que el dinero inyectado fluya hacia actividades especulativas es tan grande como para poner en duda que estemos realmente ante el esquema modélico en el que la entrada de dinero fresco se traduce directamente en actividad real. Por ejemplo en las grandes ciudades españolas, especialmente Madrid y Barcelona, estamos asistiendo a una entrada masiva de inversiones financieras en activos inmobiliarios (oficinas, locales comerciales, hoteles) que, unida a la eliminación de los últimos restos de política de control de alquileres, está produciendo en determinadas zonas una presión sobre los alquileres empresariales que está liquidando gran parte del tejido tradicionales de comercio local e impidiendo el desarrollo de un nuevo sector potencial de artesanado comercial.
Sin duda la acción de Draghi es osada por dos razones: porque se enfrenta a las ideas que defiende el todopoderoso Bundesbank y porque si fracasa deja sin nuevos cartuchos el actual modelo. Al menos, sin nuevos argumentos serios para seguir postulando que es lo único que se puede hacer, aunque hace demasiados años que estamos viviendo una situación en la que la inanidad del poder no tiene costes para quien lo ejerce. Posiblemente, si no funciona, a corto plazo los ortodoxos achacarán a Draghi el fracaso, pero se abriría también la posibilidad de un cuestionamiento más radical de todo el modelo de construcción de la zona euro.
III
El reto griego es sin duda más radical, puesto que impugna una buena parte del núcleo de las políticas de austeridad en dos frentes combinados, el del tratamiento de la deuda y el de las reformas estructurales. Los griegos tienen una buena razón para justificar su punto de vista: la inanidad práctica de las políticas impuestas por la Troika. Se ha impuesto un enorme daño social sin resolver, ni siquiera mejorar, el problema que en teoría se trata de atajar. Como en otros muchos países, los recortes, en lugar de reducir sustancialmente el endeudamiento, han contribuido a aumentarlo.
Los problemas que afrontará el nuevo Gobierno griego son sin embargo de otra índole. Tener buenas razones casi nunca es suficiente. Aceptar el argumento griego implicaría para el resto de Europa entrar a revisar gran parte de su diseño institucional y el enfoque de sus políticas. De entrada revisando el propio tratamiento de la deuda que diera lugar a tratar los problemas financieros de los estados y las personas de forma parecida a como se tratan los problemas empresariales: creando mecanismos de ajuste, que implican quitas de deuda, cuando no se puede pagar. Esta ha sido siempre una línea roja que el sector financiero nunca ha aceptado por razones diversas. Una es el temor a que los estados recurran periódicamente a suspensiones de pagos y hagan totalmente incierto el funcionamiento del sistema financiero. El otro es el hecho que mientras una empresa quebrada puede liquidarse y venderse sus activos, un país no puede liquidarse del mismo modo y por tanto tiene, en este sentido, más posibilidades de obtener ventajas con la quiebra. Por otra parte, el cuestionamiento de las políticas de ajuste bloquea la posibilidad de avanzar en dos de los grandes objetivos de las políticas neoliberales. De una la reconstrucción del mercado laboral como un mero ejército de reserva sin control que posibilita total libertad a los empresarios en el uso de la fuerza de trabajo (de eso va la flexibilidad laboral). De otro cierra al gran capital el acceso a apetecibles áreas de negocio que aún quedan en manos del sector público en algunos países.
En definitiva, el desafío griego, por más moderado que traten de presentarlo sus promotores, se orienta hacia una revisión en profundidad de las políticas europeas, y afecta a intereses muy poderosos: al sector financiero, a las políticas diseñadas por las elites europeas, a los sectores que hacen negocio 4con las privatizaciones. Lo que hay que esperar en los próximos meses es un ataque feroz a la propuesta griega por varios y complementarios frentes. De hecho ya comenzó con la retirada de nuevas provisiones financieras antes de las elecciones, con la primera tanda de declaraciones de políticos europeos y con el anuncio de salidas de depósitos en bancos griegos. Grecia es pequeña, marginal, la factura griega es perfectamente asumible. Pero lo que se teme es que sea sólo un primer movimiento que podría generar una reacción en cadena y por ello la reacción va a ser contundente y a corto plazo. Para evitar que cualquier éxito del Gobierno Tsipras pueda dar alas a fuerzas políticas parecidas en otros países y generar nuevas expectativas sociales en muchos sitios. El margen de maniobra del Gobierno griego es muy estrecho y deberá escoger muy bien sus maniobras para evitar que le rompan el espinazo y con ello se cierre otra ventana de esperanza en Grecia y en todas partes. Más que estar expectantes con lo que ocurra allí lo que debería hacer la izquierda en otros países es un gran trabajo de explicación a su sociedad de las dificultades del proceso, de las fuerzas e intereses en juego y, al mismo tiempo, de elaboración de propuestas sólidas y comprensibles que ayuden a generar un marco de referencia claro de política alternativa.
IV
Aparentemente hay muchas diferencias entre los problemas que plantean ambas políticas. Pero por debajo subyacen cuestiones comunes que vale la pena destacar. Sobre todo porque ambos reflejan, cuando menos, que está empezando a tomar cuerpo la primera condición para que sea posible un cambio de signo sustancial en las políticas. Y no es otro que el manifiesto fracaso de las políticas dominantes para hacer frente a los problemas que pretenden resolver. Draghi ha optado por esta inversión masiva cuando es evidente que las maniobras anteriores de política monetaria se han mostrado inútiles. Los griegos han votado contra la Troika cuando tras años de sacrificios estos han mostrado que no han servido más que para necesitar un nuevo rescate.
Como síntoma es evidente, como remedio más discutible. En un caso porque hay muchas posibilidades de que tampoco funcione –en los términos previstos–la inyección financiera. En el otro por la dificultad de que Grecia obtenga una reformulación a la carta de las políticas que le han impuestos sus poderosos, en teoría, aliados.
Salir de este problema requiere movimientos sociales más amplios en otros países y mayor densidad de las propuestas políticas. Requiere por ejemplo reconocer que detrás del problema del endeudamiento público está la cuestión básica de la distribución de la renta y el poder entre grupos sociales. El que una minoría social haya conseguido legitimar unos abusivos derechos 5de propiedad (que incluyen modelos fiscales totalmente injustos en sus sistemas de recaudación y en sus posibilidades de elusión) que generan una persistente dificultad para financiar la provisión colectiva está en la base de los problemas financieros de los estados. De la misma forma que las dinámicas de desarrollo empresarial generadas con la globalización no han hecho sino reforzar los desequilibrios geográficos, de los que el caso griego es un ejemplo palmario. Los desequilibrios, injusticias y desigualdades que han conducido a la crisis actual exigen un cambio institucional profundo, un enfoque diferente para tratar los problemas. Incluidos los que se derivan de la crisis medioambiental. Por esto es tan urgente que la izquierda en todas partes desarrolle proyectos sociales y económicos entendibles, revisables y adaptables para poder quebrar la locura neoliberal. Para que el previsible fracaso de la expansión monetarista dé lugar a un cambio institucional profundo. Para que Grecia no quede aislada y su ejemplo puesto como una nueva advertencia de lo que ocurre cuando no hacemos caso a la autoridad.
La recuperación del empleo ¿representa un cambio de ciclo?
El gobierno ha presentado, es lógico, la mejora de las cifras de empleo como una muestra de la bondad de su política. Por primera vez desde 2008 la situación parece mejorar. Otra cosa es como se entiende esta mejora. Que la actividad se recupere un poco no significa que se haya entrado en una vía sin sobresaltos. Pero la experiencia del ciclo anterior donde la recuperación del empleo en 1995 dio lugar a una fase ininterrumpida de crecimiento abre la tentación de pensar que las cosas se repiten mecánicamente y lleva a olvidar que los procesos no son siempre parecidos. Hubiera sido demasiado pedirle a un Gobierno tan dado al autobombo y tan ignorante como el que preside Rajoy que hubiera realizado esta evaluación crítica. En todo caso me limitaré a evaluar lo que podemos deducir de los datos que proporciona la Encuesta de Población Activa.
En primer lugar están las cifras del paro. En un año se ha reducido en 477 mil personas, una buena cifra pero que a este ritmo implicaría más de diez años de “bonanza” para llegar a cifras manejables. Una buena parte de esta reducción se ha debido a la creación neta de empleo (433 mil) pero otra a la reducción de la población activa (44 mil), lo que indica que el efecto “trabajador desanimado” sigue dominando e indica que aún hay mucha gente que no confía en encontrar empleo. Y de este inmenso colectivo de parados ha seguido moderadamente creciente el porcentaje de “larga duración” (los que llevan más de un año en el paro) y que alcanza el 61,4% de todos los parados, un volumen insoportable de desperdicio social y sufrimiento humano.
Cuando se analizan los datos cualitativos del empleo se observa que la mejora 6cuantitativa no se ha traducido en una mejora de la calidad, al menos en las variables que permite considerar la E.P.A. El peso del empleo temporal ha crecido ligeramente, del 23,6% al 24,2%. Los empresarios siguen prefiriendo contratar a la gente por esta vía, tanto porque muchas actividades son de temporada, de corta duración, como porque este tipo de contratación les concede ventajas en muchos terrenos. No sólo por los costes de despido, sino por muchas otras razones: no genera antigüedad, permite una presión constante con el espantajo de la renovación etc. Por su parte el empleo a tiempo parcial prácticamente no ha variado en un año y su peso se mantiene en torno al 16,05%. Hay que advertir sin embargo una cuestión que salta a la vista. Hasta el segundo trimestre del año 2014, el peso del empleo a tiempo parcial crecía de forma sostenida. En el tercer trimestre se produjo una fuerte caída, algo habitual cada año puesto que hay, por ejemplo, mucho empleo a tiempo parcial en restauración colectiva (catering en escuelas y centros de trabajo) en comercios y otros servicios que desaparece en verano. Pero en el cuarto trimestre no se ha recuperado el porcentaje como en años anteriores. Es difícil saber si ello responde a un cambio de ciclo o una pequeña variación de la muestra. En todo caso se trata de un tema a seguir. Y en todo caso lo que si resulta sólido es el crecimiento sostenido de la gente con este tipo de empleo que declara que lo que quiere es empleo a tiempo completo y que alcanza un 40,2% de todos los empleados a tiempo parcial. Sin duda estas son dos figuras que indican que no hay un “salto de calidad” en los empleos, pero una evaluación más completa debe considerar otras cuestiones como los salarios.
Cuando se estudia dónde se ha creado empleo se empiezan a tener pistas de lo que hay detrás de la recuperación. La mayor parte de la creación de empleo es de asalariados, mayormente privados, aunque hay algo de crecimiento del empleo público (será por el efecto ciclo electoral o por las presiones de los movimientos sociales). La tasa de asalarización sigue creciendo, estamos en una sociedad capitalista donde la mayor parte de la gente (82,4%) depende de un salario sin contar con los camuflados como autónomos. Por categorías profesionales el mayor crecimiento absoluto (152 mil) y relativo (3,9%) es el de los trabajadores manuales de servicios, lo que es un buen indicador de dónde se crea empleo. Aunque el crecimiento en ambos aspectos es notable en otras muchas categorías laborales, es algo mayor la proporción en empleos manuales. Por sectores, en términos absolutos los mayores crecimientos se producen en la industria (89 mil), la hostelería (87,7 mil), las actividades científicas y profesionales (54,7 mil), la administración pública (52,3 mil) y las actividades artísticas, deportivas y recreativas (47,7 mil) En términos relativos, la hostelería (6,6%) y actividades profesionales (6,5%) destacan como las más dinámicas. Estos datos siempre hay que tomarlos con cuidado, en una estadística elaborada por muestreo (en una muestra que cada trimestre cambia en un 16,66%); cuando más 7detallada es una tabla estadística mayor es su sensibilidad a cambios en los resultados. Pero creo que la pintura que se puede deducir es bastante real. El turismo sigue siendo el gran dinamizador, aunque ahora no está acompañado de su tradicional pareja de baile, la construcción, porque aún persiste un enorme exceso de capacidad de vivienda vacía en zonas turísticas que va a tardar años en absorberse. En el otro extremo es seguramente la implantación de las nuevas tecnologías y de sus múltiples aplicaciones lo que engrasa el crecimiento de las actividades técnico-profesionales y lo que tiende a generar una estructura ocupacional más polarizada. Pero la representación debe matizarse primero por una cierta recuperación del empleo industrial y segundo por el nuevo crecimiento del empleo relacionado con el sector público. El empleo industrial se ha beneficiado sin duda de la depreciación del euro, de la caída de los salarios y de una pequeña recuperación de la construcción que arrastra detrás de si actividad industrial. O sea que más o menos puede decirse que la nueva coyuntura ha favorecido un poco la actividad tradicional. Y por otro (y esto también explica algo la mejora de la construcción) el sector público ha aflojado la política de recortes y con ello, una vez más, ha creado empleo. Ya se sabe que el ciclo electoral siempre influye, y este año las Administraciones más partidarias de hacer ajustes se han dado cuenta que debían hacer algo para volver a ganar elecciones.
En definitiva, hay una cierta, por otra parte esperable en algún momento del ciclo, recuperación del empleo (que al final vía multiplicador acaba afectando a todos los sectores), pero que en todo caso no permite afirmar que se haya producido un cambio estructural, ni siquiera en términos iniciales, y el país sigue dependiendo de la bonanza del turismo (y soportando sus costes sociales y ambientales), de algunas industrias bajo control foráneo como el automóvil (que interviene además como lobby contra la adopción de una política racional de movilidad) y de un sector público que pese a su insuficiente desarrollo sigue generando empleo. Quizás con un sector público más consistente, con políticas bien orientadas y decisión se podría pensar en hacer un salto hacia una economía más justa y deseable en términos sociales y ambientales, más sólida para enfrentarse a los peligros de la globalización en sus distintas facetas. De momento sólo estamos asistiendo a una mejoría de un enfermo cuyas estructuras vitales no se han alterado. Un país que genera demasiado paro, demasiados malos empleos demasiadas desigualdades y que es incapaz de garantizar una vida social satisfactoria y un futuro sostenible.
Albert Recio Andreu


jueves, 5 de febrero de 2015

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA SITUACIÓN DE IU. APORTACIÓN AL DEBATE EN ESPACIO PLURAL-AVANZA POR LA IZQUIERDA.



La presente nota intenta ser una breve aproximación a la situación de IU aportando algunas ideas de cara a la reflexión general.

1.- La evolución de IU desde la IX Asamblea federal se distingue por la aparición de nuevas circunstancias en el panorama político español que ya no se corresponden con el tipo de diferencias estratégicas que, en mayor o menor medida, existían en esta organización en toda su trayectoria, haya habido o no acuerdos en cada momento en la elección de los órganos internos o en la formación de listas electorales.

El resultado de la X Asamblea federal, con lista única, supuso cerrar con una aparente homogeneidad de criterio el debate de fondo sobre una posible reorientación estratégica ante estos nuevos factores.

La prolongación de la crisis y su impacto en jóvenes generaciones, cuya irrupción en la acción política vino de la mano del 15M, puso en evidencia la brecha entre el formato de intervención y participación basado en partidos de izquierda-sindicatos de clase y las actitudes y tendencias emergentes.

La principal contradicción no parecía ser, en consecuencia, a los efectos del debate sobre las estrategias a seguir, si la crisis fortalecía o no la necesidad de asumir un discurso anticapitalista frente a otros más transversales, como ocurió en la IX Asamblea, sino cómo traducir en apoyo a IU la reacción de una gran parte de la población en su forma de encarar políticamente la crisis.

2.- Organizativamente, el acuerdo de integración se saldó mediante la configuración de una dirección federal que pivotaba sobre el equilibrio entre dos tendencias fundamentales, y otras más o menos subsidiarias de ambas, pero menores.

Las diferencias más importantes entre estas tendencias no solo eran o son generacionales, sino que se situaban en el modelo de organización, en la forma de la acción política, y en las prioridades programáticas y de acción institucional.  Pero las más importantes, sin duda, son las de carácter teórico y analítico, de las que se derivan las primeras.

Un sector influido por ideólogos que sostienen la tesis según la cual ciertas categorías clásicas han dejado de ser políticamente funcionales, defiende y ha defendido una reorientación de IU a partir de una formulación que desecha para la acción política toda una serie de conceptos fundamentales del pensamiento de la izquierda. La división en clases de la sociedad, y el conflicto subyacente, se sustituyen por la esquematización entre los de arriba y los de abajo. La movilización se entiende a partir del uso de las redes y las nuevas tecnologías de la información. La participación se define sobre la desaparición de las estructuras de control democrático interno que se pretende reemplazar por el peso determinante de los hiperliderazgos. Las propuestas y la elaboración programática por la indefinición y la ubicación de mensajes o "relatos" en los medios de comunicación de masas, en especial en la televisión comercial. La apelación a la emocionalidad en los discursos políticos se convierte en impulso predominante frente al trabajo de elevación de la conciencia crítica y de clase. Sobre todo, no se determinan prioridades de gobierno en función de intereses sociales dispares y en conflicto. Pero de esa forma, entienden, será posible dejar atrás la condición minoritaria de IU para pasar a ser una fuerza ganadora que además sale al encuentro de las nuevas generaciones y de sus preocupaciones principales.

Otros sectores, dentro de la pluralidad general de IU, coinciden en señalar que las necesidades de aproximación a las nuevas realidades sociales que la izquierda sin duda debe abordar no hacen inservibles los ejes explicativos básicos  inscritos en el método y el marco ideológico de la izquierda transformadora, sino que demuestran su vigencia y validez, y no convierten en desechables los modelos democráticos de organización, por más que estos requieran de nuevos parámetros que ayuden a superar problemas reales de fosilización y de patrimonialización de estructuras y de representación institucional. El mantenimiento de la identidad de la izquierda es necesario para retener su anclaje social y político en la mayoría social trabajadora.

Las diferencias que se acaban de señalar presentan, por otro lado, una proyección territorial en las distintas organizaciones federadas en IU. Las llamadas federaciones tienen distintos grados de identificación con las tendencias principales.

La disputa en torno a la ordenación de la lista de IU para las elecciones europeas fue uno de los primeros momentos en que esta tensión se manifestó más claramente después de la X Asamblea. El conflicto en Madrid e ahora, el punto sobre el que gira de n uevo.

Todo ello se expresa, en términos políticos concretos, en la distinta forma de entender las alianzas y la convergencia con otras fuerzas políticas y sociales para derrotar al Partido Popular.

Si en una primera fase la idea de la convergencia se aceptó casi unánimemente por toda la organización, aunque no fuera concebida exactamente del mismo modo por las diversas sensibilidades internas, en función de la pluralidad de matices y, sobre todo, de las dos grandes líneas de diferencia antes trazadas, fue la aparición de Podemos y su posterior crecimiento en las encuestas el hecho sobrevenido que dimensionó de modo claro cada una de las posturas acerca de cómo llevar a cabo la instrumentación concreta de dicha convergencia.

Lo que para la mayoría se traduce en una voluntad de formar coaliciones electorales con otras fuerzas, o como cauce para la participación de colectivos ciudadanos en las listas que se fueran formando, para otros podía servir para permeabilizar a IU dentro de listas formadas a través de la fórmula de agrupaciones de electores, u otras en las que la identidad o perfil propio no fueran incorporados expresamente a la experiencia unitaria que se generase eventualmente en cada ámbito concreto.

La dialéctica derivada del debate sobre alianzas tuvo su conclusión en la toma de decisiones por la presidencia federal, que situó la intervención electoral de IU en las diversas plataformas que se fueran constituyendo sobre la base del modelo de coalición electoral. Buena parte de ellas fueron apareciendo con el NOMBREhttp://cdncache-a.akamaihd.net/items/it/img/arrow-10x10.png o denominación de “Ganemos”.

En paralelo, el crecimiento espectacular de Podemos como fuerza política que puede ocupar el lugar del PSOE en peso electoral y de representación lleva a los principales líderes de la nueva fuerza a redefinir su incorporación a las iniciativas de  convergencia, en lo que llaman “candidaturas ciudadanas”. Su presentación con lista propia en CCAA no está en duda en principio, pero el aterrizaje en las localidades todavía queda enterrado bajo el signo de la ambigüedad.

3.- En este contexto, ante una fuerza emergente con amplia capacidad de concitar un fuerte apoyo electoral a todos los niveles, el planteamiento de la convergencia en las condiciones  diseñadas por IU sufre un fuerte impacto. Los términos del proceso se han modificado.

Así, Podemos y sus tácticas y estrategias se convierten en el motor de los posicionamientos internos en IU y el debate se desplaza de NUEVO al papel y el status de IU en el tablero político español, ahora en un panorama radicalmente cambiante.

Para unos, la dinámica política se mueve inexorablemente hacia una amalgama de tendencias que confluirán en espacios electorales ciudadanos, en los que la canalización de la presencia en listas electorales y, por tanto, en la ulterior representación institucional, no se realizará por los partidos de izquierda existentes.

Para otros, el cambio de condiciones y el paso a la órbita de apoyo de Podemos de sectores muy amplios de las clases medias hacen incluso más indispensable que en otros momentos históricos la preservación de un sujeto político específico de la izquierda, con independencia de que dicho sujeto lleve o no a cabo, en función de las circunstancias de cada caso, acuerdos con otras fuerzas o espacios del ámbito progresista.

De nuevo la forma de abordar estos cambios, el debate de fondo, se entrecruza con otros fenómenos y conflictos que desafortunadamente se convierten, sea o no en contra de la voluntad de las partes, en cortinas de humo que ocultan la verdadera naturaleza política de los problemas.

Lo cierto es que hay una  parte de IU que defiende un modelo de confluencia con otras realidades políticas y sociales que se acerca en sus bases ideológicas y programáticas al marco teórico y analítico que han desarrollado los principales creadores de opinión que dirigen lo que hoy es Podemos.

Sobre este eje gravita el núcleo central de los problemas internos de IU.

Pero la cuestión es que en este año hay elecciones, andaluzas, municipales, autonómicas, catalanas, generales. No hay tiempo para otra cosa que no sea conseguir la unidad y seguir trabajando. Porque si no hay un punto de encuentro que despeje el camino de árboles que no dejan ver el bosque no hace falta decir lo que sucederá y sus consecuencias para la mayoría social trabajadora.